20/4/2014

Leyendas de los Lagos

Cuando la odisea parece estar llegando a su fin, cerca de los grandes y misteriosos lagos que son frontera entre los territorios de sufones, grises, vesclanos y hombres rojos, el camino de los héroes de Vamurta se abre hacia nuevos senderos. En esta novela de fantasía épica, Antigua Vamurta, lo reinvento todo para no cambiar nada. 

Eso sí, quedan en sus páginas otros aromas, a lo mejor son los de siempre: la aventura, el esfuerzo y la lucha de un puñado de seres lejos de sus hogares, el amor y la venganza como fuerzas vitales. En los Lagos, las distintas civilizaciones han sido incapaces de dominar sus aguas, acaso atemorizadas por las antiguas leyendas que rodean todo lo que tiene que ver con este profundo abismo sobre la tierra.


libros de leyendas y fantasia
Lagos de fantasía de James Paick
Fragmento de Antigua Vamurta:

«Volvieron al salón donde ardía aquella gigantesca fogata. El viejo preguntó por Sara, por su familia. Aquel patricio había perdido mujer e hijos hacía muchos años, durante el naufragio de una de sus naos de tres palos que hacía la ruta entre Vamurta y las colonias. Desde entonces, había recorrido mundo. No, no había intentado fundar un nuevo hogar. Había visitado las ciudades zigurat de los sufones y las ciudades fortificadas de los vesclanos. También había conocido tribus de pescadores que prosperaban en las costas, al sur de las colonias, y había visto las tierras de los hombres rojos.
—Orgullosos, salvajes y obcecados. Muy capaces de cumplir con la palabra dada, un don que los grises hemos perdido —dijo de ellos.
Había conocido las tres ciudades de los puros, pero hacía tiempo que no había vuelto por allí. Se había establecido en la Ciudad de los Lagos cuando esta era poco más que un conglomerado de casas y factorías. Los avisó de que la ciudad estaba regida por dos señores más, Asc, el sufón, los aventajaba a él y al tercer señor en hombres y riquezas. Un sufón, decía el viejo, que no dudaba en estrangular o en dejar a pagar deudas si el otro no era lo bastante poderoso como para reclamárselas.
De los lagos dijo que eran una tierra virgen. Nadie había sido capaz de establecerse en las lejanas islas centrales. Enfermedades y leyendas rodeaban la desaparición de quienes lo habían intentado. Se hablaba de muchos desparecidos. Tripulaciones enteras y familias, de las que quedaban sus cabañas derrumbadas, escondidas en la casi permanente niebla y la densa vegetación.
El Alma Blanca era el centro de aquellas aguas, el centro de los lagos, una superficie enorme donde no se distinguía la línea tortuosa de las riberas.
—Explica una leyenda sufona que allí, las aguas son tan profundas que se comunican a través de túneles eternos con los mares. Se dice que abajo, muy abajo, habitan los primeros sircads, que ningún ser de nuestra tierra puede herir. Dice la leyenda que esas fosas abisales son el hogar de algún tipo de cíclopes marinos, un tipo de bestias gigantes, capaces de engullir y arrastrar hasta la más absoluta oscuridad una gran barca de pesca. Yo os puedo decir que cerca de allí he visto tiburones azules como el cielo y espricones largos como cinco hombres. Todo un mundo, todo un mundo…
Creo, y debéis recordarlo, que los lagos son las aguas de todos pero también son aguas de corsarios, y sí, nadie sabe bien qué hay en el Alma Blanca, ni qué hay en sus entrañas, muy abajo, donde no llega el calor del sol. No son aquellas buenas aguas para navegar.
El viejo patricio se calló de repente, haciendo una mueca extraña, como el que recuerda un mal pasaje del pasado. Se levantó y antes de marcharse los citó en la taberna de las Dos Anclas, a la mañana siguiente.
Serlan y Sara volvieron a su nuevo hogar. Pasaron la tarde acondicionándola y sacando polvo. Antes que llegara la noche, cuando las cosas guardan silencio. Se abrigaron y salieron a pasear. El conde no sabía cocinar, así que tras lavar las dos truchas y la carpa que habían pescado en el lago, dejó que Sara las hiciera en el rudimentario horno de arcilla, mientras él la observaba, bebiendo breves sorbos de vino.
Aquella noche, los dos sufrieron pesadillas. Algo los hundía en un remolino del que no podía salir, hacia el fondo de las aguas del lago, hasta el negro absoluto.»

novelas fantasia epica


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11/4/2014

Tres poesías de primavera

Miro la lavanda que planté en invierno. Pena, penita, pena. Una visión tristona, las plantas están hechas un asco, mustias, apenas unas ramas alargan los brazos. Pero, a mediados de marzo el aire empezó a calentarse, el sol asomaba, las horas de luz de alargaban. Luego, la lavanda empezó a crecer en vertical y hacia los lados. Algo hace crecer el mundo en horizontal, diagonal, vertical… Algo hace que el mundo se expansione en todas direcciones. Es la primavera. El otro día me di cuenta que tengo tres poesías cortas de primavera, una ya publicada en estos paisajes, las otras inéditas, que serán la primeras. Ahí van.

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9/4/2014

Lu Ji y las flores marchitas

Haz acopio de palabras y de frases no usadas por más de cien generaciones. Escoge rimas perdidas y olvidadas desde hace miles de años.
 Desdeña las flores marchitas, ya abiertas, del amanecer, y quédate con los brotes tiernos, aún cerrados, de la noche.

Estas palabras tan misteriosas y hermosas son de Lu Ji. Tan sugerentes y con más de 1.600 años a sus espaldas.

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8/4/2014

Lu Ji y la literatura 陸機

A menudo, cuando leo las obras maestras de los grandes escritores, tengo la secreta esperanza de poder captar su verdadero espíritu.

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4/4/2014

Libro para ipads, iphones y tablets, Guerras de AV-3

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Efectivamente, estos cacharros diabólicos (ipads, iphones, android y tablets) aceptan los formatos en los que estoy editando Guerras de Antigua Vamurta. Llega la tercera entrega. Ésta de pago. La próxima será para descargar gratis, como la 1 y la 2. Y siempre estará disponible Antigua Vamurta (Saga Completa), la historia completa en papel y en kindle, para descargar epub, pdf, mobi, etc., como ebook. 

Para bajar Guerras de Antigua Vamurta 3


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1/4/2014

Poema con corazón

Buscando papelotes y removiendo archivos en el ordenador, me encontré este poema. Tiene tela. Era su planteamiento inicial era un poema irónico, de humor satírico, que acabó por ser otra cosa hasta que lo olvidé. Lo escribió un tipo de vive en mi cabeza y del que tengo muy pocas noticias, por suerte mía. En fin, que somos muchos en uno, aunque apenas sacamos a pasear el de siempre, el que creemos que es mejor aceptado o el que creemos que se adapta mejor a este banquete de lobos que es cualquier sociedad. Aquí estampo este poema con corazón, antes que vuelva a perderse por los recovecos de Windows.
poesia con corazon
E. Hooper


 Poema con corazón

Si un sábado de luces bajas
Te sobreviene la tristeza,
No me lo reproches mucho, corazón.
De los rostros que perdieron el habla
Aún podría trazar las sonrisas,
También los ojos en las esquinas.
Si decaigo, lánguido sobre la tarde,
No me prestes atención.
Son las fuerzas que buscan remanso
Para fluir con el trino del mañana
Para abarcar lo que hoy fallece.
Te parezco serio y sombrío,
Oyes murmullos en la quietud
Me anticipas que se han marchado.
Son sólo unas horas. El tiempo
Y su juego de máscaras macabras.
Así, calla y aguarda
Que estoy por aquí cerca escuchándote,
Espesando entre alambiques la luz del alba.
    
                                              I.K 

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29/3/2014

Cuento Corto El Diván

Otro cuento corto o microcuento (dónde la frontera), éste, sobre un tipo con problemas que acude al médico.


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«—Doctor, últimamente veo arañas en el techo.
—¿El techo es blanco?
—El techo es blanco.
—¿Y la sangre?
—La sangre es roja.
El paciente dejas sus manos cruzadas sobre el estómago, cómodamente tumbado en el diván.
—Doctor, últimamente no estoy bien.
—¿Situación familiar?
—Tres hijos que no veo, divorciado. Mi madre todavía vive.
—Y el trabajo, ¿cómo va?
—Gano la mitad que hace cuatro años, hace seis meses que no paso la pensión a mi ex.
—Y mis honorarios, ¿los podrá pagar?
—Bueno, verá, ahora mismo…, verá, en dos o tres días… No, se lo ruego, no se desvanezca, ¡todavía no! Espere, aún puedo ver su rostro y las manos, doctor, espere, un momento…, las arañas en el techo, ¿qué voy a hacer con ellas?, espere…»
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                         I.K, domingo ventoso de finales de marzo, principios de abril de 2014. Barcelona, ciudad mediterránea, barrio, Baix Guinardó, donde nunca ocurre nada y las terrazas se llenan de solitarios enfrentados a un vaso de cerveza y los supers de ancianas que se mueven como tuneladoras de metro, pero, ¡un momento!, en la simétrica Eixample tampoco nunca ocurre nada, ¡ah!, esperen, todavía veo sus rostros, ¡no!, no se vayan todavía, esto no ha hecho más que empezar, ¿cómo?, ¿que no quieren pagar entrada para el espectáculo? Y que le digo yo a la mujer barbuda, al enano recalcitrante, al hombre bala y al elefante tristón y soñador que no calla, al payaso que bebe a escondidas colonias del más allá. ¡Esperen, un momento! ¡Los de Endesa han amenazado con cortar la luz del circo! ¿Qué les voy a decir a todos? ¿Con qué promesas los voy a engañar?


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