27 jul. 2010

El Hombre y el Mar

hombre y el mar
La poesia y el Mar
En su libro de poemas «Las Flores del Mal», Baudelaire dijo:
“¡Hombre libre, tú siempre amarás la mar!”.

Creo que es improbable ser libre pero sí es posible amar la mar, y amarla siempre. Y a eso pienso dedicarme en breve.

Mi intención es realizar, a diario, un homenaje al poeta Jorge Guillén, quien como pocos supo inmortalizar el acto de acercarse al agua y zambullirse en ella. En «Nivel de Mar» el autor de Cántico describe, plasma un impulso, el de correr hacia el mar, el vivir la breve ilusión de la libertad, hasta ser derribado por una ola.

¡Salir, por fin, salir
A glorias, a rocíos,
—Certera ya la espera,
Ya fatales los ímpetus—
Resbalar sobre el fresco
Dorado del estío
—¡Gracias!— hasta oponer
A las ondas el tino
Gozoso de los músculos
Súbitos del instinto,
Lanzar, lanzar sin miedo
Los lujos y los gritos
A través de la aurora
Central de un paraíso,
Ahogarse en plenitud
Y renacer clarísimo
—rachas de espacios vírgenes,
Acordes inauditos—
Feliz, veloz, astral,
Ligero y sin amigo!

“Lanzar, lanzar sin miedo los lujos y los gritos”, esto deberé recordarlo como hoja de ruta vital, como éste “Feliz, veloz, astral”. Aunque como Baudelaire y su libertad, la felicidad sea una quimera. Prefiero la actitud terrenal de Porco Rosso, que pasaba el tiempo esperando, sentado frente a una playa junto a una mesita en la que se sostenía una botella de vino. Más que la absurda lucha contra el destino de ese triste cuento de Hemingway, El viejo y el Mar.

Todo el agosto de homenaje a Guillén. En el Mediterráneo intentaré encontrar a Epaminondas, a Kavafis, a Helios y a otros dioses menores, como San Miguel.

También intentaré conectarme vía cybercafé algún día. Pero antes, quiero subir un breve relato fantástico, que voy a pulir esta noche. Será divertido y ligero como una lectura de verano.

Share/Bookmark

26 jul. 2010

Igor Kutuzov, un fabulador.

escritor novelas fantasticas
Autor
Como pensé en escribir un libro fantástico, también inventé a un escritor. Nací y vivo en esa gran estepa cuadriculada que es l’Eixample de Barcelona, donde nunca ocurre nada. Mi vida está tan repleta de hechos grandiosos y extraordinarios que, para no provocar más de un bostezo, nació Igor Kutuzov, un tipo con una vida interesante . Así, os dejo la biografía del autor de Antigua Vamurta.

Igor Kutuzov nació en Vladivostok en 1936, pocos años después de la toma de la ciudad por parte del Ejército Rojo. Kutuzov, segundo hijo de un profesor de instituto, vive una infancia llena de privaciones en el Lejano Oriente y sobrevive a la Segunda Guerra Mundial. En 1951 se traslada a la ciudad de Novosibirsk, donde cursa estudios secundarios (destacando en matemáticas y física). A pesar de la crudeza de sus inviernos, Kutuzov pasó allí algunos de los mejores años de su vida. En Novosibirsk entra en contacto con los círculos culturales de la ciudad, visita con asiduidad la gran biblioteca, donde devora los grandes clásicos de la literatura rusa y francesa.

Convencido por su tío Alexei y apremiado por dificultades económicas, en 1955 ingresa en la academia militar de Valery Chkalov, donde es licenciado con el grado de subteniente en 1960. Destinado a la base aérea de Astracán, a orillas del Volga en su desembocadura al Mar Caspio, Kutuzov combina sus obligaciones con la patria con la redacción de su primer libro de poemas, considerados de juventud y que no obtuvo ningún tipo de repercusión.

En la década de los sesenta conoce la que será su mujer, Natasha Petrova, con quien se casa en 1966. Fruto de su matrimonio son sus tres hijos, Andrey, Ekaterina y Yuri. Alcanza el grado de coronel del ejército del aire y es nombrado instructor en jefe de la tercera escuadrilla con base en Lugansk. Se cree que entre finales de los sesenta y principios de los setenta el coronel Kutuzov fue destinado a algún punto cerca de Lai Chau, con el propósito de dar instrucción a las fuerzas aéreas de Vietnam del Norte. Kutuzov era considerado uno de los mayores expertos en los míticos MIG-21 de la antigua URSS y algunos rumores apuntan a que efectivamente llegó a entrar en combate en el citado conflicto armado.

La lejanía de su tierra y de su mujer, embarazada de su segundo hijo, junto con un profundo desasosiego vital, le llevaban a escribir su segundo y considerado por muchos mejor libro de poesías, “Medidas Constantes”, en el que no se deja escrita alusión alguna a la guerra de Vietnam, lo que provocó numerosas especulaciones. Este segundo libro le reporta un cierto reconocimiento entre la crítica rusa, éxito que se repite con su tercer y último libro de poemas “Un giro en el camino”. Tras esta obra, Kutuzov es más conocido en Rusia por sus novelas cortas de ciencia-ficción, la más famosa de las cuales, “307”, fue traducida a 19 idiomas.
Tras el desmantelamiento de la antigua Unión Soviética, Igor Kutuzov emigra a España con su mujer y sus tres hijos, afincándose en Salou (Tarragona), donde hoy reside dedicado a la distribución de productos químicos de una reconocida firma alemana.

Share/Bookmark

16 jul. 2010

La Pantera, el poema perfecto.

Rilke la Pantera
Rilke, el maestro
El poema perfecto La Pantera o Der Phanter, del poeta Rilke, es la suma de muchas felices coincidencias. Como en la Teoría de la Relatividad, tanto me asombra lo planteado como que alguien fuera capaz de imaginarlo y plasmarlo. Y pensé en esta pieza poética la semana pasada, paseando por el paupérrimo y triste Zoo de Barcelona, viendo sus felinos enjaulados en celdas minúsculas que los enloquecen. Hay muchos felinos en poesía. Está la pantera de Borges o el fantástico Jaguar de Ted Hughes. Hay leones que corren sobre versos.

Primero de todo, pongo en la mesa La Pantera y luego, como mi amigo Jack, lo sirvo por partes. La he traducido directamente de una versión del gran poeta Joan Vinyoli, porque las que he encontrado en Internet no me acababan de gustar, ña, ña, ña. El vídeo que he encontrado en Internete sí me gusta, y mucho.

Bajo el título, lleva la siguiente aclaración: «Jardín des Plaintes. Paris».

La Pantera.

Su mirada, cansada de ver pasar
las rejas, ya no retiene nada más.
Cree que el mundo está hecho
de miles de rejas y, más allá, la nada.

Con su caminar blando, pasos flexibles y fuertes,
gira en redondo en un círculo estrecho;
al igual que una danza de fuerzas en torno a un centro
en el que, alerta, reside una voluntad imponente.

Algunas veces, se alza el telón de sus párpados,
mudo. Una imagen viaja hacia dentro,
recorre la calma en tensión de sus miembros
y, cuando cae en su corazón, se funde y desvanece.

El crítico Lluís Calderer decía que, ante todo, hay una «absoluta nitidez de las imágenes visuales. Una capacidad de observación atenta del objeto y una plasmación eminentemente poética de este objeto».

El poema está construido como formando dos círculos concéntricos. El círculo exterior se perfila, según Calderer, a partir del primer verso: “Su mirada, cansada de ver pasar las rejas”, y el poema se orienta en hacernos ver qué es el mundo exterior para esta bestia, una pantera repetida en todos los zoológicos del mundo a lo largo del tiempo. De ahí su impasibilidad ante todo lo que no sean barrotes. Este círculo que se cierra en la tercera estrofa con esta imagen que entra pero ya no encuentra recepción y que al llegar al corazón (que no late) se pierde. Es un círculo mental o del alma, como se prefiera.

El círculo interior es un pequeño círculo visual, físico: los giros sobre sí mismo que cualquiera habrá observado en la pantera de los zoos de México, la India, Suiza, Rusia o el Kiriguistán. Der Pahanter es un poema universal. Hay un paralelismo entre la acción física del animal y su espíritu esclavizado, vencido, machacado por la mano del hombre.

La pantera, sometida, es una alegoría de muchas otras cosas. Uno se puede sentir así en su oficina o en una fábrica, uno se siente así en un centro comercial (ese No Sitio), en la familia, a veces, desgraciadamente, o más claramente en un sistema que a los ciudadanos nos ha convertido en bites, en voces pisadas. Incluso se podría aplicar al arte y al artista.

Calderer publicó su análisis en Edicions el Mall. Ojo a esa editorial desaparecida de la que tengo varios ejemplares rescatados de las ferias de libreros polvorientos a dos pesetas el kilo. Edición de 1984 (¿fueron los ochenta tan malos? ¡Pero si sonaban los Joy Division!).

Por último decir que Rainer Maria Rilke, nació en Praga el año 1875 y murió en Suiza en 1926. Muy pronto empezó a escribir versos y, tras las vacilaciones propias de un joven poeta, hacia 1908 conseguía fraguar su propia voz, en la pone una distancia entre el poeta y el objeto que fabrica, buscando una nueva objetividad, creando un mundo, explicando el mundo, hecho con la realidad de la vida. Esto se consigue ya en “Nuevos Poemas”, en que trata que sus piezas tenga la misma consistencia, la materialidad de una escultura o una pintura.
En fin, La Pantera es un poema perfecto: música, forma y contenido, pero no el único perfecto de este escritor visionario, irrepetible, que fue Rilke. Y si así he conseguido servir en algo a su memoria...





Share/Bookmark

13 jul. 2010

Historias de un Patio de Luces

Lápiz en mano, garabateando, con un punto de literatura experimental, de escritura automática, veloz, escribí esta historia, un cruce de caminos entre la nada y la nada. Por eso está en la categoría de Epístolas, porque tiene algo de cuento, de poema, de historia, de testimonio...

Patio de luces en la negrura del domingo.
Ruidos de muchos, murmullos de los rendidos,
voces de algunos esperando los lunes.
Existe todo un submundo en este patio nocturno
una trazada de olores que van del arroz hervido al pescadito,
un juego de luces de cocinas que se encienden y se apagan según lo incomprensible,
como los retazos de diálogos al aire de los que limpian, saltean y cortan.
Patio de Luces. Fríen patatas,
chisporrotean y disputan a los extractores la semántica de fondo.
Brota una discusión, las palabras acuchillan y se arquean, perdiéndose
entre las cuatro paredes hasta disolverse en la noche que, arriba,
todo lo presiente. ¿Entenderé la vida del vecino del cuarto
que se lamenta a su esposa? Retumbar de platos en la pica.
Una letanía femenina le replica que se olvide, que nada se puede hacer
si ese hermano sigue lo que dicta el diablo en el armario, una nada en la botella.
Domingo. Él sigue lavando cuando abrupto, se hilvana el llanto de un pequeño.
¿Hambre? ¿Dolor? La madre le susurra, le canta, sumada al adagio de cazos y vasos
interpretado por el vecindario. Saben que otra, y otra, el mañana nos espera.
Si crees que las almas se esconden, entonces volverá el sollozo del bebé
o la vieja del segundo le dirá a su hijo que ya no viene, que ya no quiere,
o el padre colérico aporreará con furia la puerta de su adolescente
que con silencios desposee al pater familias y lo desgañita.
Golpeteos de mortero. ¿Serán almendras o ajos? ¿Por qué el padre odia a su hijo?
No lo odia, es el último que sostiene la furia del impotente.
El calor de una noche de julio se cuela por las ventanas, se esparce y nos amuerma,
pasa el tiempo y los llantos se espantan, las barrigas se llenan y el lunes pesa,
historias de vecinos
Luz y poesía.
como cada domingo, cíclico y omnipresente. Y cuando cae la quietud que antecede a la quimera, como una hiedra que asciende mágica, los oigo a ellos.
Sus leves jadeos, sus rápidas caricias, el estremecimiento ahogado de él,
el canto libre de ella, desencadenado, atronador.
Y así, el Patio de Luces, el domingo, los huevos cocidos, el hedor a sardianas,
las paredes ennegrecidas se olvidan y uno siente que vuelve la vida,
inesperada, arrolladora, que entra y sale por la azotea, en la que brilla
la luz de las estrellas muertas y la brisa barre las penas,
la noche engulle la amargura y en un nido cualquiera de hormigas
aletea un deseo que es sueño y mañana será sonrisa.
Share/Bookmark

8 jul. 2010

Las Voces de Stevenson

novelas de aventuras
Stevenson, La Isla de las Voces
Robert Louis Stevenson posee muchas voces: el libro de aventuras, la literatura fantástica, el terror. Sus islas son catalogadas muchas veces como paraísos de novela juvenil. Y es cierto que fue un gran artesano en esas aguas, muchas veces mal consideradas de poco calado. Sus relatos fantásticos son de los mejores escritos en la reciente historia de la literatura.

Bien. Y esa es la corriente general. Todo el mundo recuerda los fondeaderos de la Isla del Tesoro, quizás no tantos los bosques cerrados cerca de La Casa del Foso, y esas bocacalles de Shoreby por los que cabalgó Richard de Gloucester (tan maltratado por la historia y por Shakespeare), manchados con la sangre de los partidarios de York y los lancasterianos. Un día de estos debo hablar de La Flecha Negra, gran novela y manual para jóvenes y viejos escritores.

Quizás el islote más famoso de Stevenson, publicado en 1886, fue uno llamado El extraño caso del Doctor Jeckyll y Mr. Hyde, trampolín hacia la fama y el dinero para el autor. En esta novela, que estuvo a punto de no existir (se perdió o se quemó o su señora se asustó…) Stevenson vuelve a una de las constantes de su obra: el mal en el mundo, el mal que habita en nosotros. El mal que en la Flecha Negra encarna brillantemente sir Daniel Brakley, señor de Tunstall, y en la Isla del Tesoro uno de los mejores malos de la literatura, el gran Long John Silver.

Si la obra de Stevenson resulta apasionante, no menos lo fue su vida. De ese largo periplo, de sus viajes y constantes cambios de residencia, que a mí se me antojan también desesperados, como si además de luchar contra la tuberculosis en su hormigueo vital habitaran otras razones, surgieron más islas, más voces.

Y aquí es donde quería recordar o recomendar La Isla de las Voces, una historia mágica, entre la leyenda, el misterio y el horror. En narración corta RLStevenson es también muy potente. ¿Qué encontramos? Un relato emocionante que descoloca, con uno de los ingredientes recurrentes de Stevenson: la avaricia, la ambición humana como motor de destrucción o pasaporte al otro lado, como en el caso de Jeckyll y Hyde. Y unos momentos inolvidables para los amantes del género fantástico, cuando empiezan los saltos desde un simple comedor.
¡Qué curioso! Encontré esto en la red, (Isla de las Voces en "Voz Alta", para MP3 ) que se me antoja tan infinita como le debió parecer a un griego antiguo el Mediterráneo. Dejo el enlace por si alguien quiere ver más cosas. Un sueño hecho realidad, esto del audiolibro. En fin, la modernidad.

Por último, un aviso para los que como yo, nos cuesta sudar la tinta negra que pide una página en blanco. Una cita célebre de Stevenson: «Durante catorce años no he conocido un solo día efectivo de salud. He escrito con hemorragias, he escrito enfermo, entre estertores de tos, he escrito con la cabeza dando tumbos».
¿¿¿Por qué me creo más las historias de Stevenson que los periódicos???

Share/Bookmark

6 jul. 2010

Sobre la Educación

Hace exactametne veinte minutos, iba yo por el pasillo de mi casa con un vasito lleno de hielo y lambrusco, cuando al pasar frente al ordenador vi que la Kommander (mi señora) miraba este vídeo que os dejo aquí insertado.
Trata sobre la educación y la creatividad. Y es muy divertido, chistoso. Tiene un punto de cuento de hadas, de qué bonito puede ser el mundo cuando todos ya sabemos que no lo es, pero a pesar de ello vale mucho la pena echarle un vistazo. Consigue hacer bailar un poco las neuronas y esas cosas.
La creatividad humana, la educación, la imaginación, el arte. El hecho de crear y como el sistema "lo mata", lo anula pues el sistema busca rentabilidad. Todo contado por Sir Ken Robinson, este magnífico orador británico, que hace del discurso un arte. Sin más, señores y señoras, disfruten, claro, con subtítulos.


Share/Bookmark

1 jul. 2010

El Canto de Ulam (y III)


relatos de antigua vamurta fantasia epica

Tercera entrega y final de este precioso cuento fantástico, perteneciente a Antigua Vamurta  el mundo a través de los ojos de una niña tocando la flauta en el bosque. La letra buscando a la música, que siempre se escabulle, ligera.

El Canto de Ulam, primera parte: 1º Parte
El Canto de Ulam, segunda parte: 2º parte

El Canto de Ulam  (tercer y último fragmento)


relato fantastico
Cuento fantástico de Ulam
«Ulam jamás olvidaría el último encuentro. Aunque a medida que pasaron otros inviernos más le parecía todo aquello que vivió algo al filo de la irrealidad, donde los recuerdos se funden con los sueños y con un tiempo desaparecido. Fue a principios de aquel otoño, cuando los campos de trigo habían sido segados y faltaban pocos días para las fiestas que despiden los vientos cálidos del sureste y abren la ventana a los del norte. Ulam, como otras veces, había encontrado a sus extraños amigos haciendo sonar el flautín, pero aquella vez le había costado mucho tiempo obtener una respuesta, así que tuvo que adentrarse en la espesura, hasta lugares que pocas veces frecuentaba.
Al encontrarlos, Ulam se sorprendió que aquella vez fueran tantos. Doce contó, sentados en la huella de lo que había sido una antigua laguna, escondidos de una mirada fortuita. Dejaron sitio a la niña gris, quien no había dejado de emitir breves juegos de notas. Cuando se sentó entre ellos, las respuestas se aceleraron y Ulam tuvo que hacer un gran esfuerzo para seguirlas, cada vez más rápidas, hasta que los trece instrumentos sonaron al unísono, como si iniciaran un rito ancestral y las melodías fueran invocaciones a lo que existe más allá del mundo visible, en algún lugar y en todos, sobre la piel en la que palpita una música inaudible. Ulam se estremecía, sin poder dejar que sus dedos saltarines bajaran y subieran sobre el suave tacto de la madera, sintiéndose ida, tocada por algo que no entendía, una circunferencia que giraba a su alrededor, que la separaba del mundo hasta hacerla comprender cosas que jamás hubiera pensado, viendo brillar en su ceguera rutas, luces, conexiones sin equivalentes, sintiendo que se alejaba de su propio cuerpo y empezaba a flotar en ese espacio de frontera en que las copas de los árboles se enroscan con el azul del cielo, y más allá…

Cuando despertó, era casi de noche. Al principio ni se dio cuenta de dónde estaba, ni tan siquiera se acordaba de sí misma. Había dormido sobre el suelo protegida por un manto de flores que al incorporarse se marchitaron, desvaneciéndose. ¡Ahora recordaba! Su padre la estaría buscando, acompañado de todos sus vecinos y los ruidosos perros de caza. Su corazón se asustó. ¿Qué les podría decir? Se levantó y empezó a andar deprisa. Por un momento sintió ira hacia sus amigos del bosque que la habían entretenido el tiempo que tarda el sol en cruzar el cielo. Si caía la noche se extraviaría y no sabría volver. Corrió entre las penumbras sin pensar en nada más que no fuera llegar lo más pronto posible a su pequeño hogar. La impaciencia la impulsaba, la hacía ser veloz, sorteando la masa de árboles que a momentos parecía cerrarse sobre ella como si quisieran absorberla.
Tras una marcha que le pareció interminable, Ulam salió de la arboleda para alcanzar la senda del sur. El aire olía a grano quemando, a humo, a madera chamuscada. Inició, rápida, la ascensión del camino para llegar a la parte alta donde vería los campos sembrados y, en lontananza, los cubiles abigarrados de su aldea. Al llegar arriba divisó el pueblo en llamas, llamas que ascendían hacia el añil oscuro que antecede al crepúsculo. Jadeando, llegó hasta su casa, que era una pira centellante entre los muchos fuegos. Buscó y buscó sin encontrar a nadie. Incluso los pozos de los silos ardían, convertidos en enormes braseros a ras de suelo. Vio flechas y lanzas partidas por el suelo, clavadas en alguna pared que se había salvado del incendio, pero ni rastro de los suyos. Olor a muerte, silencio. Ninguna pista de su padre, nada. Los murrianos habían golpeado y desaparecido.
Ulam, presa de una infinita desorientación, volvió cerca de su choza. Allí se sentó sobre los hierbajos y empezó a tocar, sin importarle el tiempo, sin importarle lo que hacía. Lo que siguió, apenas lo recordaría. El tintineo de múltiples aceros en la noche, las voces graves de los hombres atraídos por la música de los ángeles. El destello de las llamas sobre las corazas de aquellos hombres grises que la contemplaban como a un milagro.
—¿Por qué la habrán perdonado? –preguntó una de las sombras.
Un hombre muy joven, derecho frente a ella, con furia y asombro en su mirada, marcaría su destino.
—Llevadla a Palacio, a Vamurta. Alguien así debe estar protegida, a salvo. Llevadla junto a Ermesenda, mi madre.»
 FIN
 
seres fantasticos del orbe antigua vamurta
Seres de fantasía, by Igor Kutuzov.

Share/Bookmark