12 abr. 2017

Prólogo de 21 Cabezas y Relatos


Que mejor manera que el prólogo de un libro sea un cuento y no una tediosa lista de atributos, como si del prospecto de una aspiradora se tratara. Pues esto he hecho en el prólogo de 21 Cabezas y Relatos (2017), que a falta de amigos y por pereza de pedir favores he escrito yo. En realidad el prólogo ni tan siquiera es un cuento, funciona como breve cachondeo bajo la apariencia de ensayo sobre Dios. 

El riesgo es que algún creyente pueda sentirse ofendido. Espero que no. La intención no es provocar sino pensar pasando un buen rato. Poner en cuestión al Dios cristiano o al Dios musulmán o a los múltiples y multiformes dioses asiáticos. 

Porque, al fin y al cabo, nadie se cuestiona si los coloristas y arrebatados dioses griegos existen o no. O si los mágicos dioses vikingos realmente alguna vez caminaron sobre las heladas tierras escandinavas. Me veo preguntándole por ejemplo, a finales del siglo VII, a un vikingo barbudo si Thor es real o si solo existe en su cabeza. Menudo hachazo me llevaría. Y en cambio hoy ni tan siquiera nos lo planteamos y damos por hecho que todo eso fue un agradable error enrollado con los tejidos de una fábula. 


Prólogo.
Las voces de Dios.

Las razones que llevan a un tipo como yo a volcar ciertas ideas, impresiones y hasta visiones sobre una hoja de papel usando un lápiz para garabatear una serie de combinaciones de signos acordados por la comunidad, que otros pueden interpretar a su manera, son diversas pero hay una fundamental: ¡sacar esas voces de mi cabeza!

No me culpes de nada. Dime cómo interpretas y te diré quién eres. Ya me lo dice mi mujer, Lluís, Lluís, oye, deja de mover los labios. Se refiere a que cuando salgo a fumar al patio, ella que me observa a través del cristal, me ve hablando conmigo mismo. Malo, malo. Todavía no le he confesado que hasta me respondo. Eso te lo explico a ti, que no te conozco de nada, porque así resulta más higiénico. Las voces de la cabeza. No es culpa mía,

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4 abr. 2017

La poetisa Anne Sexton

Una gran lectura la de esta poetisa norteamericana, tan libre, tan genial, que te desnuda con versos que parecen escritos ayer y no hace décadas. Anne Sexton (1928-1974), la magnética y adinerada mujer que no era feliz con su vida y que, en algún momento, decide empezar a escribir porque quizás hay algo que no encaja o porque siente la necesidad de plasmar o porque se lo ordena su psiquiatra como terapia. Así nacen sus poesías. Una mujer tardía escribiendo con energía arrolladora. Como ella, De ésas, un espléndido autorretrato y una bandera para Sexton, que empezaba sus recitales siempre con esta pieza.

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